Un paseo por Coyoacán

Debido a su crecimiento exponencial en los últimos 50 años, la Ciudad de México ha ido engullendo a diferentes pueblitos que había alrededor de su núcleo urbano y que ahora forman parte de los barrios (delegaciones o colonias) más tradicionales, típicos, animados y agradables de esta inmensa urbe.

Uno de ellos, y probablemente mi favorito, es Coyoacán.

Situado al sur de la ciudad, o más bien al sur del Zócalo, pues para salir de la ciudad por el sur desde ahí aún quedan varios kilómetros, sigue conservando no sólo la estructura de pueblito, con sus calles coquetas y una plaza con su iglesia, sino también la vida tranquila, los artesanos, y el colorido de sus mercaditos de fin de semana, así como una gran población de artistas que le proporcionan un ambiente muy agradable, además de entretenido.

El nombre de Coyoacán, procedente de variaciones del nahúatl, tiene varias interpretaciones, aunque la más extendida es “Lugar de coyotes”. Animales que son el símbolo distintivo de la delegación, y de hecho en mitad de los jardines de la plaza hay una fuente con dos figuras de coyotes.

Ir a Coyoacán el fin de semana, y más aún si es un día festivo, se convierte en un paseo delicioso. Su placita con jardines y bonitos restaurantes o bares para tomar una cerveza alrededor. La iglesia, con uno de esos campanarios de la arquitectura colonial que aquí abundan y son preciosos. Y por la noche iluminan con una cadenita de pequeñas luces alrededor de todo su perímetro. Mucha gente paseando, parejas comprando dulces, niños jugando a la peonza y niñas vestidas de sus princesas Disney favoritas o de mariposa. Señoras vendiendo artesanías. Un hombre vestido de uniforme caqui con gorra tocando un órgano que da uno de los sonidos más tradicionales de las calles de México. Cafeterías, varios lugares donde comer churros con chocolate (para los españoles sería más como un Cola Cao), y el café El Jarocho, que tiene varias sucursales en toda la ciudad, y una cola larguísima en todas ellas siempre. Hasta un kiosko de música como en cualquier pueblo de España, y detrás la Casa de Cortés, ahora sede delegacional, magnífico edificio con un precioso patio.

Y en días de fiesta, como en el puente de hace dos semanas, además toda una explosión de color en las decenas de puestos de comida y artesanías que estaban colocados a lo largo de las calles principales. Dulces de leche con forma de frutas de colores; collares y pulseras; un carrito en el que venden buñuelos (como tortas grandes, no como los españoles); un zoológico de muñecos de trapo; una montaña de bollos.

Llegar al pueblo de Coyoacán no es difícil. Hay una parada de metro cercana, Coyoacán, que te deja justo detrás de la Parroquia de San Juan Bautista, justo en el centro;  pero desde la misma Avenida Tasqueña, a la que se llega en la última parada de la línea azul del metro (Taxqueña, que por otro lado está en la Delegación de Coyoacán), se puede tomar un trolebús que va por Miguel Ángel de Quevedo y bajarse en el cruce con la calle Felipe Carrillo Puerto, que te lleva directamente hasta la plaza.

Coyoacán es famoso por ser donde vivió toda su vida Frida Kahlo, y con ella Diego Rivera, en la ahora llamada Casa Azul, pero eso merece un texto propio.

Un lugar para no perderse en medio, a veces, de tanto caos.

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2 comentarios en “Un paseo por Coyoacán

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