El Metro y los servicios públicos en esta ciudad, el DF

Desde la última entrada que escribí en este blog me ha dado tiempo a ser madre, y ahora lo que no tengo es tiempo para casi nada.

Pero el ser madre hace que me de más cuenta, aún, de lo poco amigable que puede llegar a ser esta ciudad, lo difícil que se puede volver tu vida y lo mal pensadas que están algunas cosas, especialmente todo lo que tiene que ver con un servicio público.

El sábado pasado salí a desayunar con mi marido y mi niño de dos meses y medio. Nos llevamos al niño en cochecito (carriola en México), claro, y al terminar decidimos ir a un Liverpool (grandes almacenes tipo El Corte Inglés) a comprar un regalo para la nena que acaba de tener una prima. En principio íbamos a ir andando, es un paseíto, pero a mi me gusta caminar. Pero como seguimos en temporada de lluvias decidimos ir en Metro (más bien mi marido me convenció).

Vivimos al lado de la nueva línea de Metro nueva, Línea 12, y en esta podemos ir directamente hasta Insurgentes, donde está el Liverpool. Es una línea que lleva alrededor de dos años abierta (no hablaré de los problemas que ya ha tenido y que han hecho que un tramo lleve cerrado varios meses), y en principio está bastante bien. Limpia, amplia, no va llenísima de gente, en general cómoda. Ah, y como novedad en muchas de las estaciones (no sé si en todas) tiene ascensores además de las escaleras de entrada. Así que nos metimos en el ascensor para bajar el cochecito al andén. Al llegar a la entrada de la estación, puesto que la manera de entrar es a través de unos torniquetes de tres brazos, me acerqué a tres policías (mujeres) con el cochecito para pedirles que me abrieran una de las puertecitas que hay a ambos lados de los torniquetes. Una de las policías me miró y me preguntó: “¿su bebé es discapacitado?”. Mi cara debió ser un poema, y sólo pude articular “¿cómo?”, no. Mientras tanto se había acercado mi marido, que también preguntó con cara de alucine, “¿cómo dice?”. A lo que la policía sólo fue capaz de responder, “Ah, si no es discapacitado no le puedo abrir”, señaló el cartel con el dibujo de discapacitados que había encima de la puerta, “esta puerta, por norma, sólo podemos abrirla a discapacitados”.

A mi el cabreo empezaba a salírseme en forma de humo por las orejas, no daba crédito. Y ya de muy mala leche le dije a la policía que no podía ser posible, y entonces cómo entrábamos. Ella: “pues tienen que brincar la carriola”. Mis ojos ya como platos. Y le dije a mi marido que nos largábamos. Pero él me tranquilizó y pidió hablar con el jefe de estación, otro cerebro de mosquito que lo único que dijo al explicarle la situación fue “pues sí, la realidad es que esa es la norma”. Yo ya con ganas de partirle la cara a alguien le pregunté: “¿Y no le parece un poco absurda esa norma?, ¿si vengo yo sola con el cochecito entonces no entro?”, respuesta del tipo: “no… le ayudarían a brincar la carriola los policías”. Entonces, ¿me está diciendo que esto es tan absurdo que un policía que tiene una llave para sólo mover la puertecita de entrada y dejarme pasar con el cochecito, como la norma es que es sólo para discapacitados, tendría que cargar conmigo un cochecito con un bebé dentro que pesa más de 20 kilos?

Al final perdimos esa batalla, claro, y pasamos el cochecito por encima de la maldita puertecita, necesitábamos ir al Liverpool.

Conclusiones después del cabreo y de decirles de todo a los responsables.

El que hizo la norma de que por esa puerta sólo pueden pasar discapacitados es un cretino, de eso no hay duda. Además de eso, es la confirmación del motivo por el cual en las ciudades europeas al metro se sube toda clase de gente, ricos y pobres. Porque son fáciles de utilizar, te facilitan los desplazamientos, son rápidos, si eres una madre moderna que va con su bebé en el cochecito entras sin problemas… Y en cambio en México la mayoría de la gente que usa el metro es de clase media – baja. La gente con menos estatus social no suele comprar cochecitos, lleva a los bebés en brazos, siempre. Y por otro lado, con las pocas facilidades que te prestan los servicios de transporte públicos o privados pero de uso público (tipo los peseros), todo aquel que puede se traslada siempre en coche.

Pero por otro lado, una vez ya constatado el tamaño del cerebro del que hizo la norma, los trabajadores de este “servicio” público (y lo pongo entre comillas porque de servicio creo que no tiene mucho), tienen el cerebro aún más pequeño: a ellos les han dicho que aquella puerta es para discapacitados, y no hay más, de ahí no se puede salir.

Pero peor aún, la conclusión a la que llegó mi marido: esa mala norma del metro hay que cumplirla a rajatabla, eso sí, en este país hay, por ejemplo, 43 normalistas (estudiantes de Magisterio de una condición especial) desaparecidos y probablemente muertos por orden del alcalde de su ciudad, o de su esposa. Las normas de decencia, y los derechos humos no se deben cumplir.

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Un comentario en “El Metro y los servicios públicos en esta ciudad, el DF

  1. Hoy he pasado exactamente con lo mismo, con la diferencia que mi bebé de dos años si es discapacitada, pero claro no la llevaba en silla de ruedas si no en carreola, y como el policía no tenia forma de comprobarlo pues no me abrió y me comento además que el no podía ayudarme a cruzar la carreola que la brincara yo.

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