Desconcertada e indignada

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Lamentablemente lo que voy a contar hoy parece que no es tan extraño en el día a día de esta ciudad. No sé si es la vida difícil de esta gran urbe, el estrés, la manera de ser del mexicano, o alguna cuestión ambiental. Pero así como en España en general sé que esto no me pasaría, aquí es una de las situaciones que me preocupan por ser relativamente comunes.

Ayer, por ser Jueves Santo, salimos a pasear primero a Chapultepec y después nos fuimos a tomar un helado a la Condesa, “barrio chic” del DF, muy agradable con restaurantitos, plazas, tiendas bonitas y parques llenos de perros y niños. Después de tomarnos una nieve tepozteca, unas papitas con su salsa valentina y llevar al enano a columpiarse en el nuevo parque y a escalar, porque ya no le interesa el comlumpio, él quería subirse a las cuerdas como los mayores. Fuimos a recoger el coche, que teníamos aparcado en la calle que rodea al Parque España. Subimos la silla (o carriola) al maletero (o cajuela), pusimos al bicho en su silla del coche y como mi puerta pegaba con una planta al abrirla y me era un poco incómodo subirme, Xavi me dijo que iba a echar el coche para atrás un poco. Yo mientras, aproveché para hacer una foto al cartel de una casa que me había gustado. Pero no me dio tiempo a hacer la foto, porque de repente oí cómo el coche se daba contra el coche de un poco más atrás y me giré a mirar. Cosa rara, porque Xavi siempre tiene mucho cuidado con su coche, así que pensé que por lo que fuera se había despistado. Con tan mala suerte, que en el coche contra el que se dio había una pareja sentados tomando un café. Antes de que me diera tiempo a saber qué estaba pasando, se bajó del otro coche un tipo de unos cuarenta y tantos con muy malas pulgas, haciéndose el gallito y buscando pelea con Xavi que le dijo a gritos: “¡¡Oye, ¿qué te pasa?!!” A lo que yo alucinada le dije: tranquilo, ha sido un accidente. Como loca se bajó la señora, novia o mujer del tipo a gritarme a mi que a ver qué le decía a su novio que es que mi marido había “aventado” el coche contra el suyo y que ella del golpe se había quemado con el café y comprensiblemente su chico se había bajado enojado porque ella se había quemado.

Yo no daba crédito y le dije que sentía que se hubiera quemado, pero que había sido sin querer, que él no había aventado el coche y que de todas maneras antes de saber qué había pasado no era necesario bajarse del coche a pegar a nadie. Entonces siguieron gritándonos que por qué había hecho eso, que cómo era posible si tenía un bebé en el coche y lo aventaba contra otro y que se había quemado. A lo que yo seguía sin entender nada de esa situación absurda, y ahora le dije al tipo que había sido un accidente y que lo sentíamos, y él sólo me respondió a gritos que lo que había sido era “una pendejada”. Para los no mexicanos, en este país llamar a alguien “pendejo” no es querer hacer amigos precisamente.

Xavi le dijo que sí, que había sido una pendejada, le pidió perdón, y le dijo que no se había dado cuenta, que me estaba buscando a mi porque yo me había ido a hacer la foto y no me encontraba y no se dio cuenta de que estaba echando demasiado para atrás. Que llevando un bebé lo último que quería era buscar pelea. Se dio la vuelta y el tipo, que por cierto no midió bien ni sus fuerzas ni sus posibilidades, pues medía como 15 cms menos y pesaba 40 kilos más que mi señor espossso, le dio un golpe por la espalda, y claro, como a Xavi le hace falta mucho para cabrearse… inmediatamente se dio la vuelta y le soltó un puñetazo con el que le tiró al suelo.

La señora de repente saltó como loca, mientras yo me acercaba diciéndole a Xavi que parara e intentando separarles y tranquilizarles, la bruja loca aquella se lanzó a pegar a Xavi también, le tiró el café que le quedaba para intentar quemarle, mientras le gritaba como poseída que dejara de pegarle y que si le iba a pegar a ella también. Afortunadamente cuando me acerqué yo Xavi se separó y llegó también un chico a separarles. Y desde una ventana una señora gritaba: ¡qué vergüenza! El tipo se levantó del suelo y se alejó un poco porque parece que se dio cuenta de que aunque quisiera no iba a salir ganando en una pelea con Xavi, pero aún así desde lejos, mientras Xavi me decía, “Ele, súbete al coche”, el señor nos gritó “ahora te sigo”.

Debería aclarar que ninguno de los dos coches tenía nada, se dieron en las defensas y no tenían ni un rozón, así que no era necesario ni llamar al seguro.

Y ahora digo yo, ¿qué le pasa a la gente? Sigo temblando y alucinando. Desconcertada e indignada.

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